En el parto en casa se respeta el modo en el que la naturaleza ha previsto el desarrollo del parto. Cada parto es único; no obstante, en líneas generales, el desarrollo habitual es el siguiente:

Cuando hay indicios de que comienza el trabajo de parto el profesional se desplaza al domicilio para hacer una valoración y se comprueba si el parto está en marcha.

Durante toda la fase de dilatación la mujer y su pareja pueden moverse por su hogar, bañarse, refrescarse, tumbarse, abrazarse, gemir, relajarse y seguir, desde la ternura y la vinculación con el bebé, el ritmo que marca el propio cuerpo.

Ocasionalmente los profesionales realizarán alguna monitorización para comprobar que todo marcha bien y respetarán la intimidad de la pareja favoreciendo un ambiente de contención y discreción.

Terminada la dilatación se ayudará a la mujer para que encuentre el lugar y la postura que mejor le permita sobrellevar las contracciones y realizar los pujos de la fase expulsiva.

Cuando el bebé nazca será puesto inmediatamente en el pecho de su madre y convenientemente arropado, no se cortará el cordón umbilical hasta que deje de latir (de este modo se facilita un tránsito más sosegado hacia la respiración pulmonar del bebé), tampoco se le someterá a prácticas que sean invasivas salvo que sean necesarias.

Se esperará al alumbramiento de la placenta y se facilitará el acomodo de la mamá, el bebé y el papá. Mientras se verifica el bienestar de la madre y el bebé, se recoge todo evitando cualquier interferencia en la relación piel con piel y el primer enganche en el pecho de la madre.

Cuando sea oportuno los profesionales se retirarán hasta la revisión a las 24 horas para dejar que la familia pueda descansar y vivir en la intimidad esos momentos únicos.

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