La naturaleza nos ha enseñado que el mejor lugar para el parto sólo debe reunir una condición: debe ser un lugar seguro.
El lugar tiene que garantizar la seguridad “fuera” de la mujer mediante la proximidad de todos los recursos necesarios para poder responder ante una eventual situación de riesgo.
Pero también, e ineludiblemente, hay que garantizar la seguridad “dentro” de la mujer, asegurando para ella, su bebé y su pareja un espacio de tranquilidad, intimidad, respeto y confianza donde no se sienta observada, amenazada, invadida o infantilizada.
La evidencia científica ha demostrado que esta seguridad “dentro” es imprescindible para el desarrollo natural de procesos tan cruciales como el inicio espontáneo del trabajo de parto, la evolución de las contracciones, el bienestar del bebé durante todo el proceso, la disminución del dolor, el reflejo de eyección en la fase expulsiva y la involución del útero tras el alumbramiento de la placenta .
Cuando el entorno ex¬terior interfiere en este espacio de seguri¬dad interior los partos se complican y re¬quieren del uso de fármacos, intervencio¬nes médicas o actua¬ciones quirúrgicas que de otro modo posible¬mente no serían nece¬sarias.
Obviamente la salud biológica es importante; no obstante el garantizar la salud física no puede ser excusa para obviar la salud emocional… ¿cuántas mujeres recuerdan con dolor, amargura o impotencia sus partos a pesar de haber tenido “hijos sanos”? ¿Cuántos niños han sido privados de la cálida acogida que la naturaleza ha previsto para ellos por cumplir protocolos médicos?
Este equilibrio entre la seguridad de “dentro” y la seguridad de “fuera” puede conseguirse en algunos hospitales (lamentablemente todavía no en todos, pues venimos de una larga practica médica protocolizada que, tradicionalmente, no ha tenido en cuenta las necesidades emocionales de la mujer, su pareja y el bebé durante el parto).  También este equilibrio puede encontrarse en un parto en casa debidamente acompañado. Los avances médicos en el diagnóstico y atención obstétrica permiten que el parto en casa se realice con garantías para preservar tanto la salud emocional como la salud biológica de la madre, el bebé y el padre.
Así pues, cada mujer, cada pareja, debe buscar el lugar que en su caso particular mejor garantice el equilibrio entre la seguridad de “fuera” y la seguridad “de dentro”, en función de vuestra propia experiencia, vuestras expectativas y las posibilidades de vuestro entorno.

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