Apenas conozco al señor Sánchez Dragó. No he seguido su carrera, no sé cómo se gana la vida y las pocas noticias que tengo de él fueron a raíz del escándalo que generó literatulizando sus aventuras sexuales con menores en Japón. Un episodio del que ciertamente no tengo más información que la que él dio y que no deja de generarme suspicacia.

Este personaje entra nuevamente en mi pantalla a causa del revuelo generado con su transmisión en directo a través de las redes sociales del parto en casa de su mujer y su hijo. He de confesar que me incomoda. Siento una desazón como cuando veo en televisión Baby Boom…  me cuesta el paso de algo que considero íntimo a un espectáculo social. Para mi una cosa es mostrar, defender o compartir las propias experiencias, otra llevar esto al límite de convertirlo en “reality show”.

Ya en su momento manifestamos en este blog nuestra inquietud por el “parto en casa de las famosas” y nuestra decidida preferencia por el parto en casa de las no-famosas. Por todo ello, me resisto a incorporar en este espacio, las fotos y los enlaces de esta noticia. Sugiero, en cambio, la lectura de la excelente reflexión que sobre este tema realiza Lola Rovati en su web “Bebés y Más” y que, finalmente, me ha animado a escribir esta entrada.