Desde nuestros ancestros hasta nuestras abuelas han vivido partos naturales y han transmitido de una generación a otra la capacidad genética para seguir haciéndolo.  La prueba de que les fue bien es que hoy estamos aquí (cada uno de nosotros somos el resultado de una larguísima cadena de “partos naturales” exitosos). Somos el feliz resultado de un largo proceso de selección genética que nos permite acompañar satisfactoriamente a nuestros hijos en su llegada al mundo… Así pues, hemos de partir de la premisa que el parto no es una enfermedad sino un proceso fisiológico para el que las mujeres y los bebés están biológicamente preparados y que, sólo en algunos casos, requiere de una intervención médica.

Son muchas las voces que, en las últimas décadas, apuntan los riesgos y consecuencias de contemplar, sólo desde el punto de vista sanitario, lo que debería ser fundamentalmente tratado desde el punto de vista fisiológico. Este afán intervencionista  hace que en la actualidad muchas mujeres consideren “normal” la inducción del parto mediante hormonas sintéticas, la aplicación de anestesia durante el parto o la utilización de instrumental obstétrico.

Siguiendo las indicaciones de la SEGO  entendemos por parto normal “al trabajo de parto de una gestante sin factores de riesgo durante la gestación, que se inicia de forma espontánea entre la 37ª-42ª semana y que tras una evolución fisiológica de la dilatación y el parto, termina con el nacimiento de un recién nacido normal que se adapta de forma adecuada a la vida extrauterina. El alumbramiento y el puerperio inmediato deben, igualmente, evolucionar de forma fisiológica.”. Por parto no intervenido entendemos “aquel trabajo de parto que por reunir las características descritas en la definición de parto normal, es asistido sin la utilización de procedimientos terapéuticos que alteren la fisiología del mismo.”

La opción por un parto normal no intervenido, cuando éste es posible, no pretende un retorno al pasado obviando los avances de las últimas décadas. Es más bien una decisión por parte de la familia para que el parto sea un momento único y lleno de respeto y no una mera técnica de re-producción humana. Que la medicina intervenga donde la naturaleza no es capaz de llegar, pero que en ningún caso se anteponga a priori a un proceso que ha sido perfeccionado por miles de años de evolución y que, todavía hoy, no hemos descubierto en toda su profundidad.

La opción por un parto natural no implica necesariamente la decisión de un parto en casa.  El parto natural no está determinado por el lugar donde se desarrolla sino más bien por la actitud de los padres y los profesionales ante ese acontecimiento. No obstante sí que podemos afirmar lo contrario: la opción por un parto en casa presupone la opción de los padres por las ventajas que para el bebé y su familia tiene un parto natural.

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