Algunas familias optan por el parto en casa cuando ya tienen otros hijos y tienen dudas sobre qué información tienen que darles, cómo van a interpretar esa situación, cómo van a vivir la experiencia del parto y de qué modo pueden garantizar que están correctamente atendidos durante ese proceso.

La experiencia nos dice que, con frecuencia, es más la inquietud de los padres que la reacción de los hijos, que tienen más capacidad y recursos para asumir estas situaciones que la que sus padres les atribuyen. No obstante, no hay fórmulas universales para aplicar puesto que influyen muchos factores, entre ellos la edad de los hijos, la disposición de la vivienda para garantizar espacios diferenciados, los vínculos que los hijos tienen establecidos con otros conocidos y familiares, la disponibilidad de estas personas para prestar un apoyo a la pareja durante todo el tiempo del parto…

Algunos niños pasan el parto dormidos sin enterarse de lo que pueda estar sucediendo en el resto de la casa, otros muestran un interés inicial y después agradecen que se les facilite un plan alternativo, otros prosiguen su marcha habitual de escuela y juego, otros disfrutan de un completo día lúdico en casa de familiares y amigos y vuelven encantados para traer a su hermano el regalo que le han estado preparando.

También los padres reaccionan de formas muy distintas, para algunos es valioso que la familia esté unida en ese momento, para otros, en cambio, es una preocupación que puede inhibirles en el desarrollo de parto, algunos se sienten más seguros con los niños en casa bajo la tutela de alguien de confianza y otros prefieren que la casa esté vacía para poderse mover a su antojo En ocasiones incluso el padre se siente más cómodo encargándose de los otros hijos mientras la madre está siendo acompañada por otras personas.

En cualquier caso la pareja tiene que prever el apoyo necesario para que, durante el parto, puedan estar centrados en su trabajo y a la vez, sientan la seguridad  de que sus otros hijos están bien atendidos.

En algunos casos el miedo es por el supuesto trauma que puede causar en los niños el oír los gemidos o jadeos de su madre y la presencia eventual de sangre o líquido amniótico. Esta situación se les hace más preocupante puesto que en nuestras sociedades urbanas es poco frecuente que los niños hayan sido testigos del parto de algún mamífero. En este sentido hay que recordar que la vivencia emocional de los hijos es, en buena medida un reflejo de la de los padres y que estos se sienten seguros, protegidos y felices en la medida en que estos son los sentimientos que perciben de los adultos ante un acontecimiento que, para ellos, suele suscitar más curiosidad y sorpresa que miedo

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