27 diciembre de 2012

Para el número de enero de 2013 el American Journal of Obstetrics & Gynecology (AJOG) tiene prevista la publicación del artículo de opinión clínica: Partos planificados en Casa: la respuesta desde la responsabilidad profesional que ya puede consultarse en la edición on-line

Planned Home Birth: The Professional Responsibility Response” by Frank A. Chervenak, MD; Laurence B. McCullough, PhD; Robert L. Brent, MD, PhD, DSc (Hon); Malcolm I. Levene, MD, Birgit Arabin, MD (http://dx.doi.org/10.1016/j.ajog.2012.10.002), American Journal of Obstetrics & Gynecology, Volume 208, Issue 1 (January 2012)
 
El trabajo ha sido ya difundido por la agencia de información médica y científica “Elsevier” en un artículo cuyo titular es “La defensa del parto en casa planificado no (responde) al mejor interés de los pacientes” (Advocacy for Planned Home Birth Not in Patients’ Best Interest).
 
No tenemos ningún afán en este blog ni de censurar opiniones que no compartimos, ni enzarzarnos en polémicas estériles. Por ello, a pesar de nuestro desacuerdo con los autores nos parece interesante el traer aquí su reflexión y aportar también nosotros la nuestra.
 
Los autores del trabajo realizan el siguiente resumen:
 
En este artículo se aborda la intensificación del nuevo apoyo al parto en casa planificado supervisado por matrona  en los Estados Unidos y los demás países desarrollados en el contexto de la responsabilidad profesional.
 
Los defensores del parto en casa planificado han hecho hincapié en la seguridad del paciente, la satisfacción del paciente, la rentabilidad económica y el respeto por los derechos de las mujeres. Ofrecemos una evaluación crítica de cada una de estas afirmaciones y definimos las respuestas profesionales adecuadas para el obstetra y otros médicos interesados en el parto en casa planificado.
 
Comenzamos con la seguridad del paciente y demostramos que el parto en casa planificado tiene de forma innecesaria un riesgo evitable, un irremediable incremento de daño para las pacientes embarazadas, fetal y neonatal. Se documenta que las tasas persistentemente elevadas de transporte de emergencia socavan la seguridad del paciente y la satisfacción, la razón de ser del parto en casa planificado, y que un análisis global socava las afirmaciones sobre la relación costo-efectividad del parto en casa planificado.
 
A continuación, sostenemos que los obstetras y otros médicos interesados deberían comprender, identificar y corregir las causas profundas de la intensificación del parto en casa planificado; responder a las expresiones de interés en el parto en casa planificado por las mujeres con recomendaciones basadas en la evidencia en su contra, negarse a participar en partos en casa domiciliarios, pero aún así proporcionar una atención obstétrica de emergencia excelente y compasiva a las mujeres transportadas desde el nacimiento domiciliario planificado.
 
Explicamos por qué los obstetras no debe participar o hacer referencia a los ensayos clínicos aleatorios de parto en el hospital planificado vs domiciliario planificado. Hacemos un llamado a los obstetras, otros médicos interesados, parteras y otros proveedores obstétricos y sus asociaciones profesionales en no apoyar el parto en casa planificado cuando existen alternativas hospitalarias seguras y compasivas y abogar por experiencias seguras y “como en casa” dentro de un hospital.
 

La opinión del equipo Educer con relación a este trabajo

Este trabajo tiene algunos valores que son interesantes. No tenemos objección en suscribir, por ejemplo, la afirmación de los autores cuando hablan de las respuestas profesionales adecuadas y enfatizan que: “La primera responsabilidad de los ginecólogos es asegurar que el parto hospitalario sea seguro, totalmente respetuoso y compasivo”. También nos parace valioso que se sostenga sin ambigüedades la responsabilidad ética de los profesionales de atender con excelencia profesional a aquellas mujeres que han planificado el parto en casa pero deben acudir a un centro hospitalario.

Otro valor de este artículo de opinión son sus referencias bibliográficas, cita muchos documentos interesantes sobre estadísticas del parto en casa en distintos países, valoración de costes económicos, derechos humanos y planteamientos éticos, declaraciones institucionales etc.

No obstante hay que señalar que, si los cita, es en buena parte de los casos, no porque esté de acuerdo con ellos sino para tratar de rebatirlos. Así los autores muestran su desacuerdo con entidades y trabajos de reconocido prestigio como son el Real Colegio de Obstetras y Ginecólogos, el Real Colegio de Matronas (ambos de Reino Unido), El tribunal Europeo de Derechos Humanos, los trabajos del grupo colaborativo de Reino Unido para el Lugar de Nacimiento, la labor del sistema nacional de salud Holandes, los estudios internacionales más importantes sobre seguridad, las revisiones Cochrane e incluso la tímida declaración del Colegio (norteamericano) de Obstetras y Ginecólogos cuando reconoce el “derecho de la mujer a tomar una decisión médicamente informada sobre su parto”.

Pone de manifiesto además, y ese es el principal empeño del equipo de autores, algunas de las deficiencias de la práctica del parto en casa, como  pueden ser la necesidad de una cierta cantidad de traslados hospitalarios, algunos de ellos con carácter de urgencia, o las consecuencias de posibles errores que puedan cometerse en la valoración de riesgos… algunas de estas críticas pueden ser razonables y compartimos además la importancia de no idealizar el parto domiciliario. Disentimos en cambio que, a la hora de valorar la atención hospitalaria del parto presuponga, de forma acrítica, que es más seguro, más satisfactorio y más económico… Quizás algún día sea así, hoy por hoy la evidencia demuestra que en muchos casos no lo es. Sencillamente, al margen de sus respetables opiniones y sus valoraciones críticas hacia el parto domiciliario, parecen conocer, pero no recepcionar que la evidencia científica disponible pone de manifiesto que en partos de bajo riesgo el hospital no siempre es la mejor opción en términos de seguridad y satisfacción, por lo menos no para todas las familias, ni tampoco la más económica.

Desde esta constatación resulta  inaceptable la conclusión de los autores en la que abogan  por la imposición de sus criterios sobre la libre elección de las familias considerando la propia postura como “un juicio clínico y profesionalmente disciplinado” frente a la postura “ideológica” basada en un “reduccionismo ético” de las personas que optan por el parto domiciliario. (Advocacy of planned home birth is a compelling example of what happens when ideology replaces professionally disciplined clinical judgment and policy. We urge obstetricians, other concerned physicians, midwives, and other obstetric
providers, and their professional associations to eschew rights-based reductionism in the ethics of planned home birth and replace rights-based reductionism with an ethics based on professional responsibility.)

Así pues, pese a la pretensión del título y en base a la misma evidencia científica que los autores citan, la opinión clínica de los autores no nos parece ni profesionalmente responsable ni éticamente sostenible.